Novena en honor de Los Fieles Difuntos

Lectura bíblica: Juan 11:21-26

Marta dijo a Jesús: Si hubieras estado aquí, Señor, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que lo que pidas, Dios te lo concede-rá. Le dice Jesús: Tu hermano resucitará. Le dice Marta: Sé que resucitará en la resurrección del último día. Jesús le contestó: Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mí, aunque muera, vivirá; y quien vive y cree en mí no morirá para siempre.

Reflexión

Es humano que lloremos la muerte de nuestros seres queridos. Como lloraron Marta y María la muerte de su hermano Lázaro. Pero Alguien sale a nuestro encuentro para enjugar nuestras lágrimas y devolvernos la esperanza.

Jesús nos hace la gran revelación: “Yo soy la resurrec­ción y la vida”. No somos discípulos de un maestro sabio que, como los demás, ha puesto fin a su vida con la muerte. Jesús vive a nuestro lado porque es resurrección y es vida.

Y añade algo que ilumina la noche oscura de la muerte y que llena nuestra vida de esperanza: “Quien cree en mí, aunque muera, vivirá”. Sí, tenemos que dejar un día nuestro mundo. Somos humanos. Pero, por creer en Jesús, no mori­remos para siempre.

Por eso, repetimos con alegría las palabras del prefacio de la Misa de Difuntos: “Porque la vida de los que creemos en ti, Señor, no termina, se transforma. Y al perder nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo”.

Y porque creemos en el Dios de la Vida, le decimos con gran fe y confianza, “Dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua”. 34

Oración de los fieles

Encomendamos a nuestros queridos difuntos al Dios de la Vida y le pedimos por las necesidades de la Iglesia y del mundo.

1. Por el Papa, los obispos y líderes religiosos para que den testimonio, en la Iglesia y en el mundo, de su fe viva en Jesús, resurrección y vida, roguemos al Señor.

R. TE ROGAMOS, ÓYENOS.

2. Por nuestros gobernantes y los gobernantes de todas las naciones para que sean defensores de la vida desde su na­cimiento hasta su entrega final a Dios, roguemos al Señor. R.

3. Para que nuestros seres queridos fallecidos que creyeron en Jesús, encuentren paz y felicidad en la casa de Dios, nuestro Padre, roguemos al Señor. R.

4. Por todas las víctimas de la violencia y de la guerra para que encuentren un Dios compasivo que les reciba con amor y les conceda su descanso eterno, roguemos al Señor. R.

5. Por nosotros aquí reunidos para que se acreciente nues­tra fe en Jesús y caminemos por la vida con la esperanza de gozar a su lado de la vida eterna, roguemos al Señor. R.

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Señor Jesús, encomendamos a tu infinita misericordia a nuestros seres queridos que han dado ya el paso definitivo hacia la vida nueva y eterna que has prometido tan genero-samente a todos los que crean en ti. Señor, ya son tuyos, ya te pertenecen.

En tu infinita bondad, dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellos tu luz perpetua. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.